Exposición de Alumnos de la Escuela de Arte "Rodrigo Alemán"
Curso - 2003/2004

Complejo Cultural "Santa María"
Plasencia

Presentación.
Educación visual: Entre la tradición y la vanguardia

Vivimos una época en la que la imagen en sus aspectos más vanguardistas: digital, virtual, etc..., parece haber ocupado el lugar preeminente que, hasta hace pocos años, tenían las expresiones plásticas tradicionales en la educación artística. Sin duda, es preciso y necesario hacer una revisión a los planteamientos que la formación plástica debe tener en los alumnos de hoy en día.

La formulación de objetivos deben ser, lógicamente y en esencia, los mismos, pero hemos de incorporar algunos aspectos más novedosos que no pueden ser ignorados.

Hay que conseguir una adaptabilidad a las exigencias del mundo contemporáneo, lograda a partir de la consideración del empleo de las nuevas tendencias plásticas, pero sin perder la relación con las disciplinas tradicionales, porque son ellas precisamente las que mantienen una perfecta comunión con su propia contemporaneidad.

Cada taller debe contar, para mantener el equilibrio, con medios alternativos basados en la tradición, y el interés por la actualización y el manejo de nuevos medios y materiales con propuestas artísticas que muestren principios conceptuales, logrando entre ellos generar un lenguaje plástico auténticamente contemporáneo. Para ello, es imprescindible favorecer actitudes de investigación y desarrollo de nuevas técnicas y recursos, que propicien la exploración y experimentación artística por parte del alumno. Cada uno de ellos, de forma individualizada deben ser capaces de crear y expresarse artísticamente, sustentando sus ideas a través de su trabajo y formación; sólo así podrán conseguir construir un lenguaje plástico propio y sólido, capaz de adaptarse a su entorno social contemporáneo, que cada vez demanda una mayor apertura hacia otras alternativas culturales que piden constantemente nuevas innovaciones artísticas.

Las aproximaciones a los nuevos lenguajes plásticos, fundamentalmente a los asociados al mundo de la imagen, deben acometerse desde el más absoluto rigor y seriedad, estableciendo un diálogo permanente entre creación y percepción, entre objetividad y subjetividad. Esto permitirá al artista responder creativamente con una sólida obra que se convierta en el soporte en el que plasma su mensaje más intimo y personal.

Felicidad Rodríguez Suero
Directora escuelas bellas artes y danza
Diputación de Cáceres

Dibujo y Pintura

Lo más característico de la obra de Morandi son los grupos de objetos que constituyen el tema de sus cuadros. Bañados siempre en una luz monocorde, sin estridencias, que está allí para que los objetos respiren en su opacidad temblorosa. Porque hay siempre un cierto temblor, una vibración en los contornos, un huir del límite recortado, de dureza, de cualquier contraste violento. Utilizados como pretexto para llegar a una casi abstracción de formas inconcretas, un juego de valores que centra el cuadro. Este acercamiento a la abstracción lo encontramos en muchas de sus obras a partir de un cierto momento de su evolución. Un acercamiento desde la figuración, sin rehuirla nunca, valiéndose de ella para destacar lo que hay de abstracto en la realidad.

Simplicidad, pureza, alejamiento de todo artificio. Una belleza en profundidad: la belleza de lo sutil, de lo secreto, del intervalo de silencio entre nota y nota, entre palabra y palabra. Es, seguramente, esta sutileza y austeridad de color lo que da belleza a estas pinturas. En ellas hay indudablemente una gran riqueza de matices, pero al mismo tiempo una sabia contundencia en la definición de los cuerpos y los espacios. Masas de color que definen las formas, sin interferirse, sin perder nunca la identidad.

En algunos casos las tonalidades son próximas, en otros casos distantes, pero nunca contradictorias. Son presencias que determinan formas, resonantes como voces lejanas, en el silencio que las envuelve.

Albert Ráfols - Casamada
"La intensidad interior de Morandi"

Modelado y Vaciado

Una escultura debe tener vida propia. Más que dar la impresión de que es un objeto más pequeño esculpido de un bloque más grande, al observador debería darle la sensación de que lo que está viendo contiene en su interior su propia energía orgánica que pugna por salir: si una obra escultórica tiene su vida y forma propias, tendrá vida y se expandirá y parecerá más grande que la piedra o la madera de la que ha sido tallada. Tiene que dar siempre la impresión, tanto si está tallada como si está modelada, de haber surgido orgánicamente, creada por la presión interior.

Enry Moore
Ediciones Polígrafa, S.A.

Cerámica

A caso

El polvo y las partículas más arcaicas se dejaron configurar con la humedad adecuada.

Algunos cristales se precipitan en la superficie de manera fortuita, mientras los fluidos estallan en cachitos congelados cuando la temperatura de los volúmenes cae bruscamente.

Al percutir la forma se oye el eco matérico.

El tacto es confuso, el color más pétreo se derrama en su dureza de moléculas alborotadas.

¿O no fué así?

J. Pérez